EL BUDISMO ANTE LA CRISIS ACTUAL - EL ÁGORA
April 10, 2026

La palabra “Buda” proviene del sánscrito budh, que significa despertar o comprender. En el budismo, el despertar es una posibilidad profundamente humana, no un estado sobrenatural reservado a seres excepcionales. Siddhartha Gautama, hace más de 2500 años, alcanzó la iluminación al desarrollar cualidades latentes en cualquier ser humano. El camino que recorrió —y que enseñó durante décadas— traza una ruta que enseña a ver con claridad lo que ya somos, nuestra verdadera naturaleza.
El propio Buda resumió su enseñanza en una sola afirmación: dukkha
y la superación de dukkha.
Aunque suele traducirse como sufrimiento, el término es más amplio y sutil. Dukkha
proviene del sánscrito duḥkha
y del pali dukkha,
y se asocia tradicionalmente a la imagen de una rueda cuyo eje no encaja bien. Cuando el orificio está descentrado, la rueda no gira de forma fluida: vibra, produce fricción y hace que el viaje sea incómodo. De este modo, dukkha
describe una vida que no avanza con estabilidad porque nuestra relación con la realidad está fuera de eje.
En un sentido existencial, dukkha puede entenderse como una insatisfacción estructural: un vacío persistente que intentamos llenar con consumo, reconocimiento, identidad, control o acumulación. Nada de ello logra colmarlo de manera duradera. Esta imagen resulta especialmente reveladora para comprender la crisis contemporánea. Nuestros sistemas sociales, económicos y ecológicos se asemejan cada vez más a ruedas descentradas: crecen, aceleran y producen, pero generan ansiedad, desigualdad y devastación. El choque entre deseos humanos aparentemente ilimitados y los límites reales del planeta es, en sí mismo, dukkha a escala mundial.
Desde la mirada budista, el origen profundo de este desajuste es la ignorancia, una forma de percepción distorsionada: la creencia en un yo separado, fijo e independiente. Al identificarnos completamente con nuestros pensamientos, emociones y deseos, reaccionamos desde el apego, la aversión y el miedo. Esta confusión intensifica el sufrimiento y nos vuelve incapaces de aceptar una verdad fundamental de la existencia: la impermanencia.
Un Buda, en cambio, no vive dominado por la reactividad emocional. Actúa desde una comprensión serena y lúcida. Al ver que aquello que llamamos yo es un proceso cambiante y no una entidad sólida, se libera del miedo, la rabia y la codicia. Desde esa comprensión, surge de forma natural la compasión como la expresión espontánea de no sentirse separado de los demás.
Esta visión adquiere una relevancia particular frente al panorama global actual. Las tensiones geopolíticas, la amenaza de conflictos de magnitud inédita, la destrucción ambiental, el calentamiento global, la polarización política y la normalización de la mentira pública no son fenómenos aislados. Son expresiones de liderazgos y estructuras dominadas por egos individuales y colectivos enormes y desaforados. Cuando la política se convierte en una lucha entre personalidades egóicas y narcisistas, el bien común a menudo sufre y la violencia, ya sea física o simbólica, se vuelve común.
Ante el sufrimiento, el budismo, en vez de la esperanza, prioriza la confianza que se basa en la idea de que la vida humana es el lugar donde la consciencia puede alcanzar su máximo potencial. Aunque a menudo se piensa que la práctica budista tiene como meta llegar a ser un Buda, el verdadero objetivo es reconocer una naturaleza que ya existe, pero que se encuentra oculta por la confusión y el miedo.
El budismo fomenta la transformación de la ignorancia subyacente que impulsa nuestras acciones, en lugar del deseo de controlar o dominar el mundo. El camino hacia la iluminación comienza con un comportamiento ético que cuestiona el egoísmo. Esto se sustenta en el desarrollo constante de la sabiduría y la compasión a través de la meditación. Quien practica el dharma busca claridad mental (visión correcta), para reducir su reactividad y evitar decisiones impulsivas provocadas por la ambición o el miedo.
Un liderazgo saludable surge de un compromiso sincero con el servicio, más que de la búsqueda de poder, validación o identidad propia. Este tipo de liderazgo, consciente de la interdependencia de todo, orienta sus acciones a aliviar el sufrimiento de todos los seres, en sus dimensiones sociales, ambientales, éticas y espirituales. Aunque son poco comunes, figuras históricas como Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, José Mujica y el Dalai Lama demuestran cómo una profunda transformación interna puede generar impactos tangibles en las esferas política y social.
Dukkha, entonces, más que un obstáculo cargado de dolor y sufrimiento, es un poderoso camino de transformación. El sufrimiento puede ser el fuego que transforma y duele mientras quema, pero la compasión, alimentada por la sabiduría, nos puede orientar hacia una forma de vida más equilibrada, lúcida, justa y amorosa.
SANRIKI, Juan Felipe Jaramillo
Boletín Liderazgo y Sostenibilidad
Blog Colegio Altos Estudios de Quirama

Una de las características notorias del nuevo pensamiento emergente en la cultura humana es el de la participación en la creatividad continua. Según se observa las nuevas fronteras de la ciencia, vivimos en un cosmos inteligente y creativo, movido por un impulso transformador constante, que encuentra oportunidades de prolongarse hacia mayores niveles de complejidad y consciencia, configurando, en esa dinámica, la evolución misma. Tal es nuestro papel en este cosmos creativo, en la vida misma que es creatividad continua: cocrear continuamente; a eso estamos llamados y eso nos hace verdaderamente sapiens. Coevolucionar hacia mayores niveles de consciencia, orden y complejidad. Somos evolucionarios y todo liderazgo es evolucionario y trascendente. Cuando una persona, en posiciones de dirección o no, toma consciencia de que sus palabras y actuaciones crean nuevas realidades, que tienen un impacto, positivo o negativo, más allá de lo observable en lo cercano e inmediato, así como en lo lejano y mediato, su forma de relacionamiento, consigo mismo y con los demás, cambia y se ubica en la senda en la que para los demás es liderazgo. Dicho de otra manera: para bien o para mal, por acción o por omisión, y de forma consciente o inconsciente, somos influencia, no podemos no serlo; y cuando la persona asume influenciar conscientemente, para el bien general y con palabras y acciones concretas, su liderazgo se manifiesta y es reconocido socialmente. Esta “nueva” realidad es un horizonte que se nos abre frente a nosotros y que llena nuestra vida de propósito y sentido. Aunque estamos ante dicha verja, vislumbramos así un mundo como posibilidad. Los libros que reseñamos hoy nos ayudan a cruzar esa verja y apropiarnos de nuestro rol cocreador.

Preocupan las recientes declaraciones de magnates del sector tecnológico al respecto. Curtis Yarvin, ideólogo de Silicon Valey, ya apuesta por Estados de partido único, dirigidos por magnates de la tecnología. Lo llama el Hard Party y lo describe así: “es un partido diseñado para tomar el control incondicional y total del Estado” (ver ACÁ , en nota de Antonio Diéguez, el filósofo de las ciencias español). ¿Es acaso el concubinato de Trump con las grandes tecnológicas el comienzo?

“El planeta ha entrado en la era de la bancarrota hídrica global” es la cruda sentencia con que inicia el reciente informe de Naciones Unidas Global Water Bankruptcy Report 2026. Ya no son predicciones, que muchos calificaban de catastrofistas; son hechos cumplidos y graves. Ignoramos negligentemente todas las advertencias y ahora nos tocará encarar las consecuencias. Infortunada e inmoralmente, serán los más vulnerables los que cargarán el mayor peso de la irresponsabilidad. Es un alarma más que se suma a tantas otras que nos hablan del agotamiento crítico de recursos clave para la supervivencia. Todo por causa de una voraz sociedad de consumo y de un modelo económico depredador de la naturaleza. Clic para ver más información ACÁ (nota de prensa) y ACÁ (reporte oficial)

El buen ejercicio del liderazgo tiene un rol clave en la estructuración y el buen funcionamiento de las organizaciones humanas. De ello depende, en buena medida, su sostenibilidad. Sin embargo, la concepción de liderazgo está cambiando de manera radical, y ese cambio aún no ha llegado al común de las personas, ni siquiera a quienes lideran organizaciones. Cuando se habla de liderazgo, la imagen que surge casi de manera automática es la de alguien dirigiendo a otros. Esa imagen ya no alcanza y, aunque cambie de odre, como está sucediendo hoy ante el suculento negocio de vender formación en liderazgo, sería el mismo vino viejo.

El Consejo Ético del Fondo Soberano Noruego (Norges Bank Investment Management), quizás el mayor fondo soberano de inversión del mundo, acaba de vetar a Ecopetrol en su portafolio de inversiones. La razón: graves y comprobadas violaciones a los derechos humanos en dos comunidades indígenas, las comunidades Awá en la frontera con Ecuador y U’wa en la Sierra Nevada del Cocuy. Lo anterior significa que el Fondo entra a liquidar su inversión en Ecopetrol, y queda por verse el efecto cascada y reputacional que tal decisión represente en el mercado internacional de capitales. La ética empieza a tener dientes. De otro lado, ya sabemos que, a partir del 30 de diciembre próximo, entrará en vigor el Reglamento EUDR 1115/2023, mediante el cual será obligatorio, para todos los exportadores de siete productos agropecuarios clave a la Unión Europea, acreditar la trazabilidad de sus productos y evidencia satelital de que su producción está libre de deforestación; adicionalmente, acreditar su conformidad con la legislación laboral y el respeto a los derechos humanos. Clic para ver más información ACÁ y ACÁ

