¿QUÉ MUNDO HACES POSIBLE CUANDO LIDERAS? - EL ÁGORA
Cuando pensamos en liderazgo, solemos mirar al líder: sus competencias, su visión, su capacidad de inspirar. Pero esa mirada deja fuera algo esencial: el espacio que se crea entre las personas. Ese espacio no es una consecuencia del liderazgo. Es su condición. Maturana y Varela nos propusieron algo que todavía incomoda a muchas organizaciones: el conocimiento no es algo que una mente transmite a otra. Es un fenómeno que emerge en la convivencia. Conocemos —y actuamos— desde el tipo de mundo que somos capaces de habitar juntos.
La pregunta, entonces, no es solo ¿qué tipo de líder eres? Es ¿qué tipo de mundo haces posible con tu presencia? Antes de que haya palabras o agenda, los cuerpos ya están en conversación. El tono muscular, el ritmo de la respiración, la apertura o contracción del pecho: todo eso constituye un campo que los demás leen y habitan como respuesta fisiológica inmediata. A esto, en las prácticas somáticas, lo llamamos corregulación —la capacidad del sistema nervioso de una persona de influir directamente en el de otra—. No es comunicación en el sentido convencional. Es acoplamiento. Es biología de la convivencia.
En somática, hablamos de una ventana de tolerancia: el rango de activación dentro del cual alguien puede pensar con claridad, sentir sin desbordarse y estar disponible para el otro.
Fuera de esa ventana, el encuentro se estrecha: hacia la hiperactivación, el espacio se contrae y las personas aprenden a decir lo que se espera escuchar; hacia la hipoactivación, el espacio se vacía y nadie se atreve a ir más profundo. El problema no es la intención. Es que el cuerpo del líder está creando condiciones para un tipo de relación que nadie eligió.
Como nos recuerdan Maturana y Varela: no interactuamos con el mundo como es, sino desde la estructura que somos. Por eso las prácticas somáticas —respiración consciente, rastreo corporal, anclaje gravitacional— no buscan producir un líder más tranquilo. Buscan ampliar la ventana desde la cual el encuentro genuino es posible. Un líder que reconoce el estado de su sistema nervioso y tiene prácticas para regresar a su centro no crea confianza porque sabe técnicas. La crea porque el campo que genera hace posible que el otro también se abra, se regule, aparezca. El liderazgo más poderoso no está en lo que se dice. Está en el tipo de mundo que se vuelve habitable cuando alguien llega. Para. Respira. Desde ahí, el encuentro es posible. ¿Qué mundo haces posible con tu presencia? ¿Cómo llega tu cuerpo a los espacios que lideras?
Gloria Lucía Cano Restrepo - Gcano@espaciorelacional.com
Blog Colegio Altos Estudios de Quirama






