COMUNIDAD QUIRAMA: Un Nuevo Liderazgo para una Nueva Sociedad
September 13, 2024

UN NUEVO LIDERAZGO PARA UNA NUEVA SOCIEDAD
Mauricio Cardona
I. La nueva sociedad
A. Visión sucinta de la dinámica de la transformación actual
Todo parece indicar que estamos viviendo una transformación sociocultural planetaria. Siempre ha sido así en la evolución.
En ciertos momentos de la historia, se produce una coyuntura, o un umbral, o un punto de inflexión (un encuentro de fuerzas en movimiento) que dentro de la compleja dinámica de lo sociocultural ocasionan grandes rupturas (desajustes y reajustes adaptativos) que cambian paradigmas, y generan un salto evolutivo. Son momentos de síntesis (de tesis y antítesis acumuladas).
En la historia pasada se han detectado grandes circunstancias de este tipo, llamados épocas axiales, y se puede observar cómo entonces se entra en una nueva era.
Ervin Laszlo lo explica maravillosamente en sus libros Cambio Cuántico y Chaos Point y lo denomina momentos de bifurcaciones. En dichas bifurcaciones culturales (momentos de quiebre y ruptura) se puede dar un salto hacia un nuevo estado de consciencia y a un nuevo ordenamiento sociocultural. También se puede entrar en un proceso de declive y extinción. En el primer caso, algo muere y da vida a algo nuevo que nace; se avanza en la evolución hacia mayores estados de complejidad, consciencia y autonomía. En el segundo caso, ocurre una extinción.
Por todos los signos que hoy se nos revelan, algunos de ellos convertidos en indicadores, se llega a la conclusión que hoy estamos experimentando un momento axial o un momento de bifurcación ¿Entramos en una nueva era caracterizada por una nueva consciencia?
Parece que sí y que hay evidencia de ello. Cada uno de nosotros, al examinar seria y silenciosamente nuestras propias vidas, podrá constatar el hecho de la transformación que hoy experimenta la humanidad (¿o hacia qué le venimos dando atención y hacia dónde hemos estado mirando?).
B. Algunos rasgos resaltables
Algunos puntos que se alcanzan a comprender sobre la transformación actual que experimentamos, o por lo menos que se pueden elevar a la categoría de hipótesis, serían los siguientes:
- Nos estamos deslizando por el tiempo en forma más rápida, movidos por nuestra creatividad y proyectada en la mayor cantidad de elementos culturales (externos) a los que debemos prestar nuestra atención. Es la complejización de la vida en un proceso para el que no nos hemos entrenado, ni para el que hemos preparado criterios claros para saber navegar consecuentemente, por ese mar de la nueva cultura que venimos creando.
- El hombre es un ser creador de cultura. Así, las actuales transformaciones sociales las estamos protagonizando y acelerando nosotros mismos (la mayoría de las veces en forma inconsciente) movidos, primariamente, por un incesante y profundo deseo esencial de nuestra especie de innovar, adaptar y asimilar (en medio de la dinámica caos-orden-caos, propia de la Gran Historia del Cosmos).
- Resaltemos que nuestro cerebro siempre puja por crear, y así, con los excedentes energéticos causados (usualmente en manos de grupos de interés), complejizamos la cultura en demasía, al punto de que grandes sectores de la sociedad humana se siente extraviados dentro de ella. Nos cuesta encontrar el rumbo personal y colectivo, y el sentido de nuestras vidas.
- Sumado a esto recordemos que todo nuestro transcurrir por el mundo deja huella; de una forma u otra moldeamos la realidad. Todos poseemos un inmenso poder interior, que como potencial humano, es base de nuestra incesante creatividad.
- La evolución cultural, entendida como fenómeno sociobiológico, ha traído como consecuencia también alteraciones significativas en el plano de la biología humana y de la capa de vida planetaria. Este es un gran campo hoy abierto a la experimentación y a las posibilidades de la evolución consciente.
- En función de lo dicho, cabe resaltar que hemos creado una supra cultura planetaria, a manera de una nueva capa más allá de la capa biológica. En ella, todo está conectado y todo es una sola realidad. Es la noosfera de la que habló Pierre Teilhard de Chardin en la primera mitad del siglo pasado. Hasta hace poco, la cultura se expresaba únicamente en lo regional y local, con modos particulares claramente distinguibles que llamamos Culturas. Hoy ya no son tan distinguibles e independientes. La nueva cultura planetaria está permitiendo integrar, interconectar, y en casos a fundir, las culturas particulares, todo en esa supra capa mucho más rica y compleja que van configurando la nueva sociedad.
- Asociado con lo anterior recordemos que hoy podemos constatar que se están dando manifestaciones de un salto en la consciencia humana. Emerge una nueva consciencia caracterizada por la expansión de nuestro potencial, su afirmación en nuevos alcances o poderes (básicamente los perceptivos multisensoriales), y la trascendencia del actual nivel egoico. Los grupos en los que está deviniendo la emergencia, son aquellos que están en la periferia del paradigma dominante (por eso a veces son difíciles de advertir).Pero aquellos sectores de la sociedad instalados en el viejo paradigma, y no comprometidos con la transformación cultural, no perciben lo que está ocurriendo y se enfrascan en procesos desgastadores de simple supervivencia, sin percatarse que están fortificando su propia fosa.
- Así las cosas, hoy vivimos en una sociedad en transición sin que podamos predecir cuál es el camino por el que nos está llevando la coyuntura “bifurcadora”. Creo que, en mucho, ocurrirá lo nosotros hagamos que pase. Evolucionarios conscientes, creativos culturales, humanos trans-cincosensoriales (multisensoriales), son algunos términos con los cuales varios pensadores se refieren a la humanidad que vemos nacer. Es una humanidad que muestra claros signos de estar manifestando que su eje existencial es la vivencia de su condición espiritual. Es la vivencia de su autorrealización.
II. El nuevo liderazgo
Detrás de la nueva sociedad, desde luego vienen otras importantes transformaciones. Una muy significativa es el fin de liderazgo como lo hemos conocido y la emergencia de un nevo liderazgo. Veamos.
A. El viejo liderazgo
Hasta ahora, en la sociedad humana se ha venido manifestando una fuerza muy relevante por su influencia y potencia transformador; se trata del fenómeno de la dirigencia, que siempre ha estado allí como parte de importante del ordenamiento orgánico de la sociedad humana.
A la dirigencia usualmente le hemos asignado unos nombres, comúnmente aceptados, como los de jefatura o liderazgo. Es por ello que en las estructuras sociales de las culturas humanas encontramos esas figuras que denominamos genéricamente jefes y/o líderes.
Ahora bien, cabría hacernos la pregunta: esa especie de institución social de las jefaturas ¿podría mirarse con curiosidad creativa y ser cuestionado?
Casi nadie duda de la necesidad de jefes o de los llamados líderes. A estos jefes y líderes tradicionales los damos por sentado. Inclusive los reclamamos. Creemos que esa figura es indispensable y que es parte esencial de la vida social. Hemos llegado a creer que alguien tiene que estar a cargo y en control de los grupos sociales.
Marvin Harris, colega antropólogo, en su libro Nuestra Especie, se pregunta por la necesidad de jefes en las estructuras sociales humanas. Explica por qué en la evolución de los mamíferos se fue dando el fenómeno de jefatura (tema que no podemos tratarla acá por razones de tiempo).
Entonces, bien puede surgir otra pregunta: ¿Habrá otros mecanismos de coordinación y potenciación de las energías en el caso de las sociedades humanas?
Una cosa parece segura. A lo largo de la historia, las sociedades humanas han estado altamente influenciadas, para bien o para mal, por aquellos a quienes todavía denominamos líderes.
Y aquellos a quienes denominamos líderes, con contadas excepciones, les ha encantado serlo. Se han sentido poderosos y han creído que ser jefes líderes es un premio que se merecen por sus ejecutorias y porque, de una forma u otra, se consideran necesarios y más valiosos que las demás personas, y más, todavía, les encanta tener seguidores, ser admirados y ser obedecidos.
De allí que los líderes del pasado, para probar su eficacia, fueron desarrollando cada vez más habilidades para controlar, persuadir, seducir, mandar y dominar.
Y lo que es más significativo aún (quizás supervivencias atávicas), parece que a cantidades de personas les encanta que haya jefes, para que los dirijan, los orienten y los controlen.
Millones de personas aprendieron a entregar su poder auténtico, a perder su libertad, y en sumisión, aprendieron a adorar y a seguir jefes. Ha sido tan común la constatación de ese hecho sociocultural, que a veces ni se cuestiona y parece normal. Y así las sociedades en general aprendieron a estimular la mayor ocurrencia de jefes con capacidad de dominio sobre las demás personas.
Pero ¿funciona esto en la nueva sociedad? ¿Es evolucionario seguir pidiendo jefaturas así? ¿No será que las jefaturas se convirtieron más bien en mecanismos retardantes de la creatividad de las personas?
Hoy hay muchos indicios de que cuando los jefes y líderes actúan movidos por el afán de dominar, controlar, tener seguidores, ser obedecidos y dirigir grupos en la dirección de lo que consideran correcto, se engendra en la sociedad humana una dinámica interna en la cual se disminuye la voluntad participativa, la autorresponsabilidad y la creatividad social.
El costo es muy alto para la sociedad dado que resulta imponiéndose una sola visión no necesariamente compartida (sino simplemente acatada). Se pierden la efectividad colectiva, la riqueza de una visión de múltiples perspectivas, y, en un “monocultivo de la mente” (Vandana Shiva), se disminuye la expansión de consciencia y el crecimiento personal.
Competir y ganar se consideró una conducta evolucionada en una cultura que creyó en la lucha por la lucha por la existencia empujaba las sociedades hacia mayores niveles de bienestar y progreso, cosa que hoy se sabe que no es así (hoy sabemos que el mayor factor de progreso en la evolución de las sociedades es la conducta cooperativa y colaboradora). Responde a la vieja creencia de un sistema que se creó desde el medioevo, en donde la voz del rey era la voz de Dios, y su ley había que acatarla a toda
costa.
Vemos pues, que para una sociedad y para una organización, en este momento de la historia, pueden resultar muy costosos los liderazgos tradicionales, toda vez que se desperdicia la energía y la sabiduría colectiva, y se cae fácilmente en la tentación de usar el poder personal sobre los demás seres humanos (poder externo) y de estimular el crecimiento de una actitud altamente competitiva que solo potencia el uso de la fuerza, y la astucia para imponerse.
Pero lo más notorio, es que hay buenos indicios de que un uso del poder así, característico de lo que hasta hoy hemos denominado liderazgo, correlaciona directamente con las causas de las pluricrisis actual.
El viejo uso del poder, el poder externo, recurrido por parte de quienes hoy llamamos líderes, fue un factor que precipitó que la vieja sociedad llegara a un punto de insostenibilidad y se diera la transición hacia un nuevo liderazgo para la sostenibilidad, basado en otro uso del poder personal. La crisis actual tiene su fuente en el poder externo.
Ese poder externo, vigente todavía, reduce el espacio social y psicológico para el ejercicio del poder interior, que es el auténtico poder de los seres humanos. Y, peor, contribuye al debilitamiento de los lazos que nos unen como seres relacionales que somos. Debilita el tejido social porque estimula la inseguridad y la desconfianza.
B. El nuevo liderazgo
Para la nueva sociedad se necesitan, entonces, un liderazgo liberador que sea potenciador del poder auténtico de las personas.
Nuestra evolución cultural nos ha venido conduciendo a un punto de autodeterminación en el cual reclamamos el derecho de usar nuestro poder interior y potenciar nuestras posibilidades. Es un punto en donde nos estamos liberando de los estorbos y daños producidos por el abuso del poder externo, en manos de personas que creían tener el derecho de decidir por todos los demás miembros de los grupos sociales. Por ello ya no aceptamos ni necesitaremos jefaturas tradicionales. Esa vieja usanza no es lo que
estructura, determina y sostiene la nueva sociedad. No es su inspiración.
En la nueva sociedad, este viejo liderazgo que se basa en el poder externo no solamente es ya innecesario sino que no será posible en la nueva cultura. Está siendo contrarrestado, en nuestra evolución, por la emergencia paulatina de un nuevo hombre, un nuevo humano universal. Atestiguamos la emergencia de un hombre que reclama el derecho a autodirigirse pero desde la potenciación de su poder interior o poder auténtico. Es el advenimiento del liderazgo de sí mismo, el autoliderazgo, en sustitución del liderazgo “sobre mi” o que proviene de otra persona (inclusive puede ya sonar extraño
pensar que haya personas que acepten que otras los lideren).
En la no maduración todavía de este rasgo emergente de la sociedad humana, vemos hoy en día un grupo social constituido principalmente por jóvenes (nuevos miembros de nuestra especie) que en rebeldía, ya no aceptan ser liderados por nadie; cuando ésta transformación humana madure, en una generación, tendremos nuevos homos en los que su ética para actuar, adecuada y adaptativamente, será su consciencia expandida y su poder interior (auténtico poder), puesto al servicio del bien general.
Un líder, o sea, el poder auténtico en acción, opera más allá de las nocivas lógicas del poder externo. Es un nuevo hombre que al primero cultivarse a sí mismo y expandir su consciencia, expresa humildad, compasión, reverencia por la vida, capacidad de perdonar, compartir, y vive decididamente en el amor.
Ese líder, como ser relacional que somos todos, y basado en la armonía e integridad personal, contribuye, con sus relaciones de todo tipo, a que los demás cultiven su propio poder interior o poder auténtico y crezcan en consciencia, libertad, autonomía, y autodeterminación, orientados hacia el bien común, la sostenibilidad, el desarrollo humano y la evolución de la especie.
El eje central del programa de Formación Avanzada, FAD, que por más de 25 años venimos trabajando en el Colegio Altos Estudios de Quirama, en Medellín, es precisamente el nuevo liderazgo del que hablamos en este escrito.
Blog Colegio Altos Estudios de Quirama

El pronóstico del filósofo cognitivo Daniel Dennett resulta, por lo menos perturbador: caminamos rumbo a la próxima pandemia, la cual será provocada y no accidental y será la de la desconfianza global. “Su advertencia era clara: nos enfrentamos al riesgo de una auténtica pandemia de identidades ficticias capaces de hacerse pasar por reales. Y esa proliferación podría socavar la confianza humana hasta el punto de poner en peligro el funcionamiento mismo de nuestras sociedades. No es una exageración retórica, se trata de un diagnóstico tan perturbador que Dennett llegó a sostener que las compañías que emplean la inteligencia artificial para crear personas falsas deberían rendir cuentas por ello”. Clic para ver más información ACÁ

El pronóstico del filósofo cognitivo Daniel Dennett resulta, por lo menos perturbador: caminamos rumbo a la próxima pandemia, la cual será provocada y no accidental y será la de la desconfianza global. “Su advertencia era clara: nos enfrentamos al riesgo de una auténtica pandemia de identidades ficticias capaces de hacerse pasar por reales. Y esa proliferación podría socavar la confianza humana hasta el punto de poner en peligro el funcionamiento mismo de nuestras sociedades. No es una exageración retórica, se trata de un diagnóstico tan perturbador que Dennett llegó a sostener que las compañías que emplean la inteligencia artificial para crear personas falsas deberían rendir cuentas por ello”. Clic para ver más información ACÁ

El liderazgo contemporáneo enfrenta una crisis de sentido, no de conocimiento. La acumulación de información y capacidades técnicas ha demostrado no ser suficiente para orientar decisiones que sean simultáneamente eficaces y éticamente sostenibles; y, sobre todo, para permitir un análisis libre sobre el efecto que el liderazgo convencional ha producido en el estado de policrisis de hoy. En este escenario complejo, emerge la figura del líder consciente y sabio, cuyo fundamento no es únicamente el saber, sino la calidad de su consciencia. Este liderazgo se articula en torno a la sabiduría práctica, entendida como la capacidad de discernir, en cada situación, aquello que es bueno, correcto y justo para la organización, para la sociedad y para la naturaleza. A diferencia del conocimiento técnico y analítico, la sabiduría práctica integra experiencia, valores y juicio moral, permitiendo actuar con buen tino en ambientes cambiantes y de incertidumbre. No se trata solo de hacer bien las cosas, sino de hacer lo que debe hacerse, en conformidad con el todo y el bien general. El líder consciente opera desde un propósito superior que trasciende el interés inmediato. Reconoce que las organizaciones son entidades sociales llamadas a crear valor sostenible y a contribuir al bien común. Existen para ponerse al servicio de la evolución cultural de la especie humana; y, es más, en ellas el líder consciente y sabio sabe cuándo lo está logrando y cuándo no. Esta orientación redefine el ejercicio del poder: deja de ser instrumental y se convierte en expresión del poder auténtico; es decir, de una interioridad alineada con principios éticos y con una comprensión profunda de la interdependencia humana entre sí y con la naturaleza. Asimismo, el líder sabio desarrolla una sensibilidad especial para captar la esencia de las situaciones. Más allá de los datos, percibe patrones, significados y posibilidades emergentes. Esta capacidad le permite articular visión y acción, integrando lo particular con lo universal y lo inmediato con el largo plazo, de una manera generativa, no reactiva. Otro rasgo distintivo del líder consciente y sabio es su capacidad de crear ambientes plenos de sentido compartido, en donde no monopoliza la sabiduría, sino que la cultiva, la entrega y la distribuye, favoreciendo la creación de espacios de aprendizaje, diálogo y reflexión para que otros puedan desarrollar integridad e integralidad. Así, el liderazgo deja de ser un atributo individual para convertirse en una cualidad distribuida y colectiva que encarna una forma de ser antes que un conjunto de competencias. Su autoridad proviene de la coherencia entre lo que es, lo que piensa y lo que hace, y su mayor contribución es introducir claridad, dirección y humanidad. Los libros que se referencian a continuación nos ayudarán a avanzar en esta dirección.

Es un hecho que el clima de la tierra ha variado desde siempre con cambios sutiles o drásticos, de duración variable, y con efectos igualmente impactantes en la biodiversidad y el paisaje. En el 99 % de los casos, el hombre no ha sido testigo de esos cambios por el simple hecho de no existir; pero la realidad es que varias extinciones masivas han ocurrido en el planeta. En los últimos tres millones de años, cuando se ha presentado la mayor evolución de los homínidos, el Homo sapiens aparece como una especie con gran desarrollo cerebral y con la capacidad de fabricar herramientas, vestimenta y cobijo; también de manejar el fuego y cocinar alimentos, expresar arte, pensar, hablar, etc. Estos desarrollos nos han llevado, de forma acelerada, en el presente interglacial (últimos 11.500 años), a usar todos los recursos existentes de forma casi descontrolada; y, de paso, a contaminar el ambiente terrestre con residuos de todo tipo, hasta el punto de poner en peligro la vida en la tierra, incluyendo la nuestra.

“El mundo se está comprometiendo rápidamente con la electricidad limpia. Durante los últimos dos años, las estadísticas de energías renovables muestran que esta industria ha alcanzado nuevos récords en generación, capacidad e inversión”. He aquí algunas cifras: - Las energías renovables representaron el 92,5% de todas las nuevas incorporaciones de energía a nivel mundial. - La capacidad renovable global alcanzó casi la mitad de toda la potencia instalada en el mundo. - Las energías renovables abastecen el 100% del crecimiento de la nueva demanda mundial de electricidad. - Sobresalen: China y las energías solar y eólica (100 % de la nueva demanda eléctrica). Clic para ver más información ACÁ y ACÁ

Hace 36 años, se publicó el icónico libro La quinta disciplina, del autor Peter Senge, profesor del prestigioso MIT. En el capítulo Dominio personal, Senge desarrolla una importante idea, “el compromiso con la verdad”. El aporte de Senge, con ese concepto, adquiere en el mundo de hoy plena vigencia porque es precisamente ahí donde se asienta la integridad de un líder. Hoy en día alcanzamos a apreciar la trascendencia de que un líder, desde su propio poder interior y auténtico, esté totalmente instalado en un campo de consciencia en donde la verdad lo atraviese como un eje determinante de su carácter y de su fundamentación ética. Cuando un dirigente vive en un plano existencial en donde lo domina el afán por aparentar, por mantener agendas ocultas y objetivos ulteriores escondidos, por maquinar movimientos, para lograr lo suyo por encima de lo de los demás, por manipular para lograr objetivos individualistas, por hacer todo lo posible para que le den la razón, por intentar controlar todo a su favor, por dominar y hacer que se haga a su voluntad, por creer que posee la verdad e imponerla sin escuchar a los demás, por darse importancia, por persuadir hasta la coerción, por acudir a la intimidación, por crear favoritismos y adulaciones, por buscar satisfactores externos, etc., habrá caído en la tentación del poder externo, y habrá caído en la dinámica en la cual cava su propia tumba del sinsentido; porque, a la larga, se convierte en un antilíder, que convocará energías en su contra, además del inmenso daño que crea en su alrededor. Pero, como el compromiso con la verdad está dentro del terreno del dominio personal, la lección que nos interesa aprender es la de comprender el origen de la disfuncionalidad de quien opera desde el poder externo (a veces tristemente confundido como un verdadero líder, por su capacidad de hacer que se hagan cosas, sin importar a costa de qué). La causa de esta disfunción es la pérdida de consciencia de sí mismo, la desarmonía interior, la ausencia de sí mismo, la incomprensión de su propia naturaleza esencial, la perdida de sentido trascendente de su existencia, el desorden de la energía de su propio ego, la desvaloración de la búsqueda de la verdad como principio existencial; en suma, la falta de aquel dominio personal que hace al verdadero líder. Solo el cultivo interior, a través de la “inversión personal” (observarse a sí mismo) y de las prácticas de silencio — meditación y contemplación—, se logrará que avancemos en la búsqueda del poder interior, es decir, del auténtico poder. Remitimos a las dos obras clásicas de Senge, para profundizar en estas ideas. La quinta disciplina y La quinta disciplina en la práctica
