CIUDADANÍA Y DEMOCRACIA - EL ÁGORA L&S Marzo 2026
Jorge Osorio • March 20, 2026
¿CIUDADANÍA Y DEMOCRACIA?
Característica desconcertante del comportamiento ciudadano en Colombia, al momento de ejercer sus derechos en materia política y partidista, es la significativa carencia de lógica y racionalidad que manifiesta.
Las decisiones informadas se destacan por su ausencia, es decir, aquellas surgidas del conocimiento autónomo, estructural e histórico, del análisis socioeconómico y cultural, de la reflexión ética sobre el bien común; y, en último término, de la visión tenida acerca del tipo deseado de nación, sociedad, país, Estado y forma de gobierno. A cambio, en forma espontánea se asumen las decisiones emanadas de condiciones emocionales, reacciones primarias, tradiciones familiares, anécdotas circunstanciales, simpatías e intereses personales, ideologías nunca cuestionadas, transacciones comerciales y propaganda.
En consecuencia, afloran las contradicciones entre los fines sociales y los intereses particulares; entre la formulación teórica de la Constitución Nacional y la aplicación efectiva de sus principios filosóficos, políticos y de gestión; entre las aspiraciones fundamentales de las comunidades y los grupos de poder instalados en las instituciones del Estado. La democracia ni se entiende ni se aplica, el relacionamiento funcional y la cooperación obligada entre los actores estatales se degrada y corrompe, las instituciones del Estado y el gobierno pierden reconocimiento y legitimidad al percibirse como una supra organización sin responsabilidad frente a la nación; pero, eso sí, muy aplicada al logro de intereses particulares y muy poco al de la satisfacción de las necesidades y los problemas del país.
Otros aspectos inquietantes de la práctica política en Colombia, por sus errores implícitos, son procedimentales. El primero, la obligación de formular planes de gobierno solo cuando se ha resultado elegido y no para las campañas electorales, en las cuales apenas se usan estrategias publicitarias y mercantiles a partir de eslóganes vacíos, lo que impide que los electores dispongan de planteamientos serios para el estudio y valoración de alternativas estructurales y de largo aliento para el país. La segunda, la carencia de partidos y movimientos de verdadera oposición programática, que resulten ser convincentes y viables, o que se encuentren enraizados en las más profundas necesidades de la sociedad.
En diciembre de 1943, el gran colombiano Hernando Agudelo Villa advertía lo siguiente: “La democracia colombiana adolece de vicios disolventes: la indefinición de sus partidos, que carecen de plataformas de acción concretas y definidas, y la carencia de organismos técnicos de ejecución que conviertan la especulación en hechos y realidades” (p. 401) .
Muchos colombianos desconocen que la democracia no es solo una forma de gobierno o de alternancia periódica de partidos políticos y funcionarios en el ejercicio del poder; que es mucho más: la forma cultural, por excelencia, de organización y convivencia razonable de una nación; al menos, así se ha buscado que sea en el mundo occidental y en otras latitudes. Colombia, cuya nación es pluriétnica y multicultural, tiene una razón de más para apreciar y valorar la democracia como mecanismo jurídico de organización social, de gobierno, regulación y administración, responsable de facilitar y tramitar la necesaria conciliación de visiones culturales, territoriales, e intereses diferentes entre particulares, en función del bien común, la solidaridad, el bienestar, la libertad, la justicia y la paz.
Una de las más grandes creaciones culturales de la civilización humana ha sido el ideal de la democracia, y uno de sus mayores propósitos el de vivir en democracia. Ese ideal, imaginado en sus orígenes por los antiguos griegos como “vida buena y justa”, se ha desarrollado y configurado paulatinamente a través de convulsos, desgarradores y transformadores movimientos sociales acaecidos en diferentes latitudes del planeta.
Gabriel Jaime Arango V.
¹ Agudelo, H. (1943). Hagamos Efectiva la Democracia. Temas, pp. 401-403.
Blog Colegio Altos Estudios de Quirama

Un hecho que ya marca tendencia en el mundo es el desmantelamiento de grandes presas hidroeléctricas, con maravillosos impactos sociales y ambientales. Dos casos recientes ameritan comentarse: Las presas del río Hiitolanjoki en Finlandia. Así lo reseñan los medios: “Cuando se derribaron las presas […], el paisaje empezó a cambiar: el agua se aceleró y se enfrió, y empezó a parecer menos un embalse y más un río de nuevo. Y entonces llegaron los peces”. Ver ACÁ. La demolición de cuatro represas en el río Klamath (la mayor demolición de presas de EE.UU.). Así lo registraron los medios: “Desde la eliminación de las represas, científicos y equipos de monitoreo registraron el regreso de salmones a sectores del río que habían permanecido inaccesibles durante más de 100 años”. Y lo más maravilloso: la restauración del territorio ha sido liderada por el pueblo ancestral Yurok. Ver ACÁ. En 2025, se eliminaron 603 barreras en 21 países de la Unión Europea y el objetivo es restaurar 25.000 kilómetros de ríos de caudal libre p ara 2030. Ver ACÁ. Ver Boletín Liderazgo y Sostenibilidad

Lo que los humanos hemos hecho a lo largo de nuestra historia es el resultado de una visión del mundo compartida en un determinado grupo social y, por consiguiente, de nuestros hábitos de pensamiento y modelos mentales (valores, supuestos, creencias). Es el resultado del paradigma que se profese. Si bien los paradigmas se transforman y evolucionan, dando lugar a nuevos paradigmas (modelos dominantes de pensamiento) el cambio no es sencillo. Usualmente un nuevo paradigma emerge cuando el anterior cayó en desuso, y un nuevo paradigma tiene que emerger. Según se percibe, la humanidad ya ha hecho transición hacia un nuevo paradigma. Es un cambio radical civilizatorio que, de una manera dinámica y sistémica, se manifiesta hoy en todos los órdenes en la cultura humana (todo queda afectado). Y como en toda transición cultural histórica, un sector de la población no experimenta la emergencia del paradigma, en el corto plazo, y continúa actuando con base en las ideas y cosmovisión propias del anterior paradigma. Hoy, en mucho a raíz de la innovación tecnológica denominada Inteligencia Artificial, un amplio grupo de seres humanos está coronando este cambio de paradigma, volviendo a una nueva vieja pregunta que parece estar significando una importante expansión de la consciencia: ¿qué significa ser humanos? ¿qué y quienes somos los humanos?, ¿y qué es lo que nos constituye esencialmente? Y, de forma sorprendente, un nuevo relato empieza a emerger, atravesado por ideas que han sido movilizadoras de la evolución de la especie: la colaboración-cooperación, y la convivencia amorosa y altruista enfocada hacia el bien común. Las implicaciones teleológicas y axiológicas de esta realidad son enormes y críticas para nuestro futuro. Quienes no han entrado en el campo de los nuevos modelos mentales, propios del nuevo paradigma, siguen instalados en las viejas ideas de competencia, control, dominación y apropiación egoica, poniendo en riesgo la supervivencia de nuestra especie. En el campo del liderazgo, el paradigma está cambiando y un nuevo pensamiento se hace ya evidente. Algo está disolviéndose y una nueva figura cultural, en un nuevo relato, se está haciendo visible. Un liderazgo, que no obedezca y resuene con nuestra condición esencial humana, no merece denominarse liderazgo. Pero La pregunta es ¿seremos capaces de liderarnos a nosotros mismos hacia un futuro sostenible?

Ya es claro que el rumbo global del mundo (geoeconomía, geopolítica y tecnología) está cambiando de dirección. Tres tendencias empiezan a configurar un nuevo escenario: a) las tensiones geopolíticas entre potencias y bloques; b) la instrumentalización de las relaciones económicas; y c) el veloz avance tecnológico. Un mundo más predecible queda definitivamente atrás. Un escenario caracterizado por: a) una globalización sin restricciones; b) un Estado de derecho multilateral; c) los límites al uso de la economía como herramienta política; y d) unos objetivos macroeconómicos ampliamente compartidos. Atrás queda entonces un mundo que funcionaba bajo la “tranquilizadora premisa de que la economía mundial se sustentaba en un equilibrio relativamente estable”. Más información ACÁ. Ver Boletín Liderazgo y Sostenibilidad

Hablar de paz en el Oriente antioqueño no puede reducirse al silencio de los fusiles ni a la disminución temporal de la violencia. La paz verdadera se construye cuando las comunidades pueden vivir con dignidad, permanecer en sus territorios y proyectar su futuro sin miedo. En una región marcada por el conflicto armado, el desplazamiento y las desigualdades históricas, la sostenibilidad de la vida sigue siendo un desafío urgente y colectivo.

A pesar de la arraigada convicción científica sobre la marcha siempre delante de la evolución, la tecnología se ha encargado de cubrir nuestro futuro de incertidumbre. Así lo reseña el filósofo de las ciencia español, Antonio Diéguez: “La aparición de una superinteligencia artificial no alineada con los intereses y valores morales humanos ha venido a incorporarse recientemente a todos los viejos temores [...] Nunca fueron mayores los peligros porque nunca fue tan potente la tecnología para propiciar nuestra destrucción” (subrayados del original). Más información ACÁ. Ver Boletín Liderazgo y Sostenibilidad

Pocas tendencias han ganado tanta fuerza en la agenda global, en las últimas décadas, como la equidad de género. Así lo consigna el World Inequality Report: “Hoy en día, las mujeres tienen mayor nivel educativo, participan más activamente en el mercado laboral y ocupan puestos de liderazgo con mayor visibilidad que nunca”. Pero agrega: “sin embargo, al analizar cómo se distribuyen las horas de trabajo y los ingresos entre hombres y mujeres, emerge una realidad impactante: el mundo aún está lejos de alcanzar la paridad de género”. La tarea continúa. Más información ACÁ. Ver Boletín Liderazgo y Sostenibilidad
