COMUNIDAD QUIRAMA: Sobre el Ejercicio del Poder Personal. Hacia Un Liderazgo Auténtico
September 6, 2024

SOBRE EL EJERCICIO DEL PODER PERSONAL
Hacia un liderazgo auténtico
Mauricio Cardona E.
LO QUE ES LIDERAZGO
Liderazgo es el cultivo permanente del poder auténtico (o poder personal interior), el cual en las relaciones interpersonales se ofrece al servicio de los demás (de “los otros”), para que pueda servirles en cultivo de su propio poder interior (auténtico poder), de tal forma que por sí mismos, en consciencia, presencia, libertad, responsabilidad y autonomía (madurez), actúen en la dirección que consideren más adecuada hacia el bien común, la sostenibilidad, el desarrollo y la evolución de la vida.
Mauricio Cardona E.
Introducción
El mundo está pendiente de que los seres humanos aprendamos a utilizar bien nuestro poder personal interior. La mayoría de los problemas, dilemas y contradicciones planetarias tienen su origen en el mal uso del poder personal. Ocurren cuando las personas y la dirigencia agencian su poder únicamente para satisfacer los intereses personales o el bien particular. En cambio, se vive en armonía, y se facilita el desarrollo y el progreso, cuando el poder auténtico, o el poder interior natural de los seres humanos, se cultiva y se pone al servicio de los demás y del bien común.
Esta es la base del verdadero liderazgo, fundamento de la salud organizacional y social. Los fenómenos recientes del mundo nos evidencian esta ausencia de poder auténtico (y de auténtico liderazgo).
La realidad de nuestra actual situación
Los problemas planetarios actuales son causados por nosotros los seres humanos. Las grandes brechas (la ecológica, la social y la espiritual, a manera de macro problemas) que hoy enfrentamos, son resultado de nuestra manera de ver, de juzgar, de decidir y de actuar.
Son resultados de nuestro lugar de consciencia; son resultados de nuestros valores, sentimientos, creencias, actitudes y comportamientos. Nuestras formas de actuar hablan de quienes somos (qué pensamos, qué sentimos, qué creemos, en suma, de cómo nos concebimos a nosotros mismos). Hablan de nuestra vida interior. Actuamos como somos y somos lo que actuamos. Nuestro comportamiento es resultado inmediato de nuestras elecciones y decisiones conscientes o inconscientes. De ahí la importancia de saber decidir; y para saber decidir (decidir bien) se requiere saber ver y saber comprender. Y para saber ver y comprender se requiere estar integrados como personas y descubrirnos como lo que somos, vida, luz, amor, compasión, potencial, y posibilidad.
Desde la fragmentación y la separación nos hemos equivocado (en relación con aquello que produce sintonía con la vida y sus diferentes niveles de manifestación). Esto quiere decir que si la causa de dichas brechas nace en nuestro interior, está también en nuestro interior la manera de transformar la realidad que vivimos. Significa que está en nuestra vida interior, lo cual quiere decir que depende de nuestra transformación interior producto de nuestro cultivo interior. Queremos que haya cambios en el mundo? Primero nos tenemos que abrir nosotros mismos a la transformación interior para que se den genuinos cambios en nosotros. Ahí es donde entra en juego nuestro poder interior, o nuestro poder auténtico.
Lo opuesto a nuestro poder auténtico es nuestro poder externo; este poder nos habla de que, en general, nosotros suponemos que las causas de los macro problemas están afuera, y que no podemos hacer nada porque “así es el mundo y esas son sus reglas de juego” (y eso es cierto solo si decidimos creerlo así). Con esa actitud nos pasaremos la vida en el pasado, resolviendo problemas y no asumiremos nuestra condición de cocreadores (de futuro).
Con una expansión de nuestra consciencia, para vivir desde nuestro poder auténtico, podremos, con nuestras elecciones, decisiones y actuaciones, ser parte de las solución a dicho estado de cosas en el mundo (que son espejo de nosotros mismos). En el corto plazo, para que en nosotros se dé una expansión de la consciencia, se requiere abrirnos al autoconocimiento personal, y agenciar nuestro cultivo interior; se requiere que aprendamos a asumir lo que somos, y quienes somos, y saber utilizar nuestro poder auténtico. En el mediano y largo plazo, la humanidad viene experimentando esta ampliación de consciencia; una nueva consciencia de humanidad, y de la consciencia misma (ser conscientes de que somos seres conscientes), está emergiendo en la evolución humana. Dicha ampliación de consciencia ya empezó entre nosotros, “basta con abrir los ojos y ver”.
Esta es una gran responsabilidad especialmente para quienes están en posiciones de dirección (dirigencia de todo tipo) ya que sus decisiones suelen tener un gran alcance, y afectan la realidad para bien o para mal (no pueden no afectar el mundo).
Del poder externo
Por razones que en el análisis histórico de la evolución cultural de la humanidad ya están quedando muy claras, los seres humanos llegamos a creer que el poder consistía en el ejercicio de nuestra voluntad sobre otras personas. Esto fue el resultado de una consciencia egoica (dominada por un ego desbordado) en donde lo que se valoraba era competir, dominar, y controlar, como resultado de la creencia de que la exploración (y explotación) del mundo exterior era lo que tenía sentido, y era suficiente para el desarrollo de la humanidad y para lograr la felicidad del hombre.
Así, se llegó a creer que la dominación de lo material y externo, territorios, por ejemplo, incluyendo la dominación de sus habitantes, era un ideal humano beneficioso para la humanidad. Quienes lograban acumular herramientas materiales, sociales y psicológicas para dominar a otros se consideraban poderosos. Y la trampa de nuestro ego, que nos induce a identificarnos con la imagen de que dicha capacidad de control externo es poder real, ha hecho que nos sintamos poderosos (inclusive seres humanos valiosos) cuando podemos ejercer dominio sobre otros. Hoy en día sabemos que el poder así concebido, el que llamamos poder externo, puede tener consecuencias muy catastróficas.
En medio de esta evolución cultural, de este sistema de creencias, surge el estado nacional moderno y se da la revolución industrial. La ciencia, en ese sistema, y desde una postura cincosensorial, se dedica a investigar y a explorar el mundo material, en todas sus dimensiones, logrando avances extraordinarios y positivos que reforzaban la tendencia de seguir explorando ese mundo, principalmente externo (o interno en la dimensión física de lo infinitamente pequeño). Las dimensiones de lo inmaterial, invisible y no manifiesto, perceptibles solo multisensorialmente (o transcincosensorialmente) fueron dejadas de lado, o no se consideraron terreno propio del conocimiento científico. La administración de empresas, como disciplina del conocimiento, surge en ese ambiente cultural; el límite de su alcance ya puede adivinarse.
Del poder auténtico
Por ello, por los resultados visibles del poder externo en el mundo moderno (sus consecuencias desastrosas), emerge hoy en la humanidad una nueva consciencia que entiende el poder personal de otra manera. Es un nuevo paradigma sobre la consciencia o una metaconsciencia (consciencia de la consciencia). Igual, como una consecuencia de esta nueva consciencia, emerge un nuevo paradigma sobre el poder y el liderazgo. A esta nueva manera lo llamamos poder auténtico, que es la base del auténtico liderazgo. El poder auténtico responde a preguntas que exploran el mundo interior ¿quiénes somos los seres humanos, qué somos los seres humanos, desde dónde nos habitamos como personas, y cuál es el sentido de nuestras existencias? Esta pregunta importa mucho por varias razones:
a) De un lado, somos seres complejos que hemos evolucionado durante un largo proceso evolutivo que nos ha dotado de rasgos, características y elementos complejos que apenas empezamos a entender (nuestro cerebro es un ejemplo de un resultado de la evolución, que está constituido así por causas específicas y para producir resultados específicos que en mucho desconocemos y apenas comenzamos a desentrañar), resultando ello en una relación con nosotros mismos que nos es muy desconocida, y,
b) De otro lado, esas preguntas son muy importantes porque a medida que nos vamos conociendo mejor, sabiendo desde dónde actuamos, y evitando estar movidos por el poder externo, vamos tomado decisiones que impactan para bien el devenir de las cosas del mundo, así como a nuestro propio devenir, logrando producir consecuencias positivas en función del bien común, el ecosistema, la sostenibilidad de la especie y de la evolución de la vida; nos sintonizamos mejor con la vida y el cosmos, y por consiguiente no somos obstáculo a su propio devenir.
La ceguera con la que se actúa en una personalidad fragmentada, y presa del miedo, como casi siempre ocurre desde el poder externo, produce resultados que usualmente luego lamentamos. Hoy todos lamentamos nuestra profunda estupidez e hipocresía que ha producido el irreparable daño ambiental, y que aunque es evidente, muy pocos dirigentes quieren reconocerlo (porque la mayoría actúa hoy desde el poder externo).
El poder auténtico es basado en la armonía interior de cada uno de nosotros, y en una armonía relacional con los demás, con el cosmos y con la fuente esencial de la vida. En el estado de poder auténtico nos descubrimos como seres no limitados a los cinco sentidos (o seres cincosensoriales) sino seres multisensoriales que reflejamos la luz del alma universal; seres que somos manifestación evidente de la gran energía creadora del universo, el amor. Seres así ya hay muchos en el mundo; son el Hombre Universal emergente.
En el polo o dimensión interior de nuestro ser unitario (también somos exterioridad), el poder auténtico se despierta y se proyecta cuando nuestra alma y nuestra personalidad están haciendo unidad, en plena armonía y sintonización. Ocurre cuando nuestra alma ha podido evolucionar libre de ataduras y apegos para que la personalidad evolucionada la refleje de forma transparente y luminosa. Corresponde con el proceso de integración personal, hacia el estado de presencia (consciencia expandida, y unificación en el alma), cuando abrimos la mente, el corazón y la voluntad, habiendo unificado así nuestro yo (de la personalidad) con el YO (consciencia del alma).
En la dimensión o polo exterior de nuestro ser unitario, nuestro poder auténtico logra hacer su tarea de cocrear (que es nuestra tarea en el mundo), cuando trabajamos para que el poder personal esté al servicio de la armonía, la cooperación, la participación y el compartir, y la reverencia por la vida. La fragmentación y separación que han reinado hasta ahora, en una etapa de la humanidad egoica, como una ilusión, empieza a desaparecer.
Esta es la esencia de la trascendencia a la que estamos llamados todos los seres humanos. Nuestro viaje en la Escuela de la Tierra es el viaje de aprender a vivir desde el poder auténtico. Y es desde este poder que, habiendo evolucionado, enmendaremos nuestro camino en la Tierra, con una consciencia de humanidad (consciencia expandida más allá del ego, o la personalidad herida) basada en el amor que somos.
Si la dirigencia planetaria, de todo tipo, no trabaja en el cultivo del poder auténtico, los viejos liderazgos seguirán produciendo la mismas consecuencias que hasta ahora han obtenido en la Tierra. Solo un nuevo liderazgo, basado en el poder auténtico (auténtico liderazgo), logrará reestablecer la amistad del hombre con la vida (y por supuesto consigo mismo y con los demás) y evitar que sea un hecho cumplido la sexta extinción de especies en nuestro planeta (que ya va avanzada), la cual puede acarrear nuestra propia extinción.
Liderazgo, entonces, hoy se entiende como cultivo del poder auténtico propio para ponerlo al servicio de los demás para que cultiven su propio poder auténtico. Desde ahí viviremos el ser compasivo que estamos llamados a ser. El liderazgo del siglo 21 será compasivo o no habrá ningún liderazgo (y no habrá siglo 21).
Nota: Agradezco a Gary Zukav sus inspiraciones sobre el poder auténtico.
Mauricio Cardona E.
Blog Colegio Altos Estudios de Quirama

La palabra “Buda” proviene del sánscrito budh, que significa despertar o comprender. En el budismo, el despertar es una posibilidad profundamente humana, no un estado sobrenatural reservado a seres excepcionales. Siddhartha Gautama, hace más de 2500 años, alcanzó la iluminación al desarrollar cualidades latentes en cualquier ser humano. El camino que recorrió —y que enseñó durante décadas— traza una ruta que enseña a ver con claridad lo que ya somos, nuestra verdadera naturaleza. El propio Buda resumió su enseñanza en una sola afirmación: dukkha y la superación de dukkha. Aunque suele traducirse como sufrimiento, el término es más amplio y sutil. Dukkha proviene del sánscrito duḥkha y del pali dukkha, y se asocia tradicionalmente a la imagen de una rueda cuyo eje no encaja bien. Cuando el orificio está descentrado, la rueda no gira de forma fluida: vibra, produce fricción y hace que el viaje sea incómodo. De este modo, dukkha describe una vida que no avanza con estabilidad porque nuestra relación con la realidad está fuera de eje.

El Foro Económico Mundial recién publicó su informe The Global Risks Report 2026 (su 21.o edición, descargar ACÁ) . Estos son los diez riesgos mayores a corto plazo (2 años): - Confrontación geoeconómica - Desinformación - Polarización social - Eventos climáticos extremos - Conflictos armados internos - Ciber inseguridad - Inequidad - Erosión de los DDHH y las libertades civiles - Contaminación - Migración y desplazamiento forzados Frente a este complejo panorama, las recomendaciones son: - Foco en asegurar el corto plazo - Recomponer alianzas - Resiliencia

“Si el calentamiento continúa a la misma tasa de los últimos 30 años, el globo podría estar en aproximadamente +1,5 ºC hacia el final de esta década”. Recordemos que el Acuerdo de París fijó una meta de “mantener el incremento global de temperatura bien por debajo de +2,0 ºC por encima de los niveles preindustriales y haciendo esfuerzos para limitar el incremento de temperatura en +1,5 ºC por encima de los límites preindustriales”. Pero seguimos soportando el peso del negacionismo y de los intereses involucrados frente a una transición justa y rápida.

“Los fracasos de la última década son, en gran medida, resultado del fracaso en la gestión de la desigualdad extrema, es decir, de la decisión de dar prioridad a los intereses privados frente al bien público. El ODS n.º 10, relativo a la reducción de la desigualdad, es uno de los objetivos que peores resultados está registrando. Si bien el mundo no ha logrado erradicar la pobreza en la última década, sí que ha sabido crear 1202 milmillonarios nuevos y está en vías de contar con cinco billonarios en una década. Desde 2015, el 1 % más rico ha incrementado su riqueza, como mínimo, en unos 33,9 billones de dólares estadounidenses en términos reales, una cantidad con la que se podría acabar con la pobreza mundial anual más de 22 veces”.

Característica desconcertante del comportamiento ciudadano en Colombia, al momento de ejercer sus derechos en materia política y partidista, es la significativa carencia de lógica y racionalidad que manifiesta. Las decisiones informadas se destacan por su ausencia, es decir, aquellas surgidas del conocimiento autónomo, estructural e histórico, del análisis socioeconómico y cultural, de la reflexión ética sobre el bien común; y, en último término, de la visión tenida acerca del tipo deseado de nación, sociedad, país, Estado y forma de gobierno. A cambio, en forma espontánea se asumen las decisiones emanadas de condiciones emocionales, reacciones primarias, tradiciones familiares, anécdotas circunstanciales, simpatías e intereses personales, ideologías nunca cuestionadas, transacciones comerciales y propaganda. En consecuencia, afloran las contradicciones entre los fines sociales y los intereses particulares; entre la formulación teórica de la Constitución Nacional y la aplicación efectiva de sus principios filosóficos, políticos y de gestión; entre las aspiraciones fundamentales de las comunidades y los grupos de poder instalados en las instituciones del Estado. La democracia ni se entiende ni se aplica, el relacionamiento funcional y la cooperación obligada entre los actores estatales se degrada y corrompe, las instituciones del Estado y el gobierno pierden reconocimiento y legitimidad al percibirse como una supra organización sin responsabilidad frente a la nación; pero, eso sí, muy aplicada al logro de intereses particulares y muy poco al de la satisfacción de las necesidades y los problemas del país. Otros aspectos inquietantes de la práctica política en Colombia, por sus errores implícitos, son procedimentales. El primero, la obligación de formular planes de gobierno solo cuando se ha resultado elegido y no para las campañas electorales, en las cuales apenas se usan estrategias publicitarias y mercantiles a partir de eslóganes vacíos, lo que impide que los electores dispongan de planteamientos serios para el estudio y valoración de alternativas estructurales y de largo aliento para el país. La segunda, la carencia de partidos y movimientos de verdadera oposición programática, que resulten ser convincentes y viables, o que se encuentren enraizados en las más profundas necesidades de la sociedad. En diciembre de 1943, el gran colombiano Hernando Agudelo Villa advertía lo siguiente: “La democracia colombiana adolece de vicios disolventes: la indefinición de sus partidos, que carecen de plataformas de acción concretas y definidas, y la carencia de organismos técnicos de ejecución que conviertan la especulación en hechos y realidades” (p. 401) . Muchos colombianos desconocen que la democracia no es solo una forma de gobierno o de alternancia periódica de partidos políticos y funcionarios en el ejercicio del poder; que es mucho más: la forma cultural, por excelencia, de organización y convivencia razonable de una nación; al menos, así se ha buscado que sea en el mundo occidental y en otras latitudes. Colombia, cuya nación es pluriétnica y multicultural, tiene una razón de más para apreciar y valorar la democracia como mecanismo jurídico de organización social, de gobierno, regulación y administración, responsable de facilitar y tramitar la necesaria conciliación de visiones culturales, territoriales, e intereses diferentes entre particulares, en función del bien común, la solidaridad, el bienestar, la libertad, la justicia y la paz. Una de las más grandes creaciones culturales de la civilización humana ha sido el ideal de la democracia, y uno de sus mayores propósitos el de vivir en democracia. Ese ideal, imaginado en sus orígenes por los antiguos griegos como “vida buena y justa”, se ha desarrollado y configurado paulatinamente a través de convulsos, desgarradores y transformadores movimientos sociales acaecidos en diferentes latitudes del planeta.

La atención es una competencia esencial para el desarrollo humano y el liderazgo auténtico. Más que un acto mental, representa una forma de presencia consciente, que permite percibir la realidad con claridad, ir más allá de las apariencias y acceder a una comprensión profunda de lo que sucede dentro y fuera de nosotros. La evolución personal no ocurre por acumulación de conocimiento ni por simple voluntad de cambio, sino por la capacidad de comprender. Cuando la atención falta, aparece la incomprensión: se mira sin ver, se actúa sin entender y se repiten patrones conocidos que sostienen el estancamiento. El confort se convierte entonces en una trampa silenciosa que limita la apertura, endurece la mirada y reduce la posibilidad de transformación. Atender implica detener el automatismo, silenciar el ruido interno y desarrollar una mirada más sensible y penetrante. Desde esa presencia, emerge la comprensión y, con ella, la posibilidad real de cambio. La atención amplía la consciencia, fortalece el autoconocimiento y permite reconocer el propio propósito, configurando la base del poder interior desde el cual surge un liderazgo genuino. El liderazgo auténtico no se impone; se expresa, como consecuencia natural de una persona que sabe observar, comprender y actuar con claridad. Quien cultiva la atención aprende a ver más allá de las formas y a responder de manera creativa y responsable a la complejidad de la realidad. Al mismo tiempo, la atención revela la interdependencia humana. Favorece la empatía, la escucha y el cuidado mutuo, fortaleciendo la calidad de las relaciones y el tejido humano que sostienen toda comunidad. En ese sentido, atender no solo transforma al individuo, sino que une y humaniza los espacios compartidos. Cultivar la atención es, en última instancia, una decisión estratégica y profundamente humana: permite pasar de la reacción a la comprensión, de la repetición a la creación, y del liderazgo basado en el control al liderazgo que nace de la presencia y de la consciencia despierta. Para cultivar nuestra atención, ofrecemos a continuación unas referencias bibliográficas que fortalecerán nuestro poder interior, ayudando a la efectividad en nuestro liderazgo.
